Ultima actualización 24/12/03
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Esta pregunta, que podría esperar una larga y compleja enumeración de acciones factibles tiene simplemente una respuesta sencilla: "nada más ni nada menos que exactamente lo mismo que hace fuera de ella"
Sin embargo los docentes de natación saben que el miedo al agua, las tensiones, los "defectos" posturales, y la contención del aire en el aprendizaje respiratorio, son problemas habituales a resolver en su labor profesional.
No debiéramos decir entonces tan naturalmente lo expresado en la primera frase. Sin embargo es así.
Para que el niño pueda transferir a este medio sus logros terrestres, solo debe el docente brindarle el entorno adecuado. La realización de sus potenciales de aprendizaje estará condicionada por la situación de clase en que este se realice. La profundidad, la temperatura, los materiales de estimulación empleados serán aspectos fundamentales en la elaboración del entorno. La seguridad y graduación de estímulos que posibilite la situación de clase le permitirá libremente explorar, construir, aprender, desarrollarse.
El niño ensaya permanentemente durante su primer año de vida para establecer el equilibrio bipedestal. Camina al año, corre a los dos, salta a los tres. Para lograr estas conductas motoras, utiliza informaciones internas y externas que le posibilitan el mantenimiento de posturas y la planificación de movimientos.
Los sentidos que intervienen en el establecimiento del equilibrio, sobre el que se engarzarán posteriormente los movimientos son: la visión, la propiocepción (sensaciones recibidas a nivel de los receptores nerviosos específicos ubicados en los músculos, tendones y articulaciones) y las informaciones laberínticas (provenientes del órgano del oído interno que nos permite conocer la ubicación de la cabeza en el espacio).
Con la integración de estas informaciones, durante los primeros años de vida, el organismo elabora reacciones posturales que nos permiten mantenernos en pie.
Estas afloran en forma refleja cada vez que experimentamos un cambio de posición o inestabilidad postural.
Si no atendemos la importancia de brindar en el aprendizaje de natación una base estable desde donde pueda el niño crear su propio aprendizaje motivado y contenido por materiales que permitan una gradual estimulación, podemos someterlos permanentemente a cambios bruscos e inestabilidades posturales, al no disponer de cómodos puntos fijos de sustentación. La inseguridad de estas sensaciones desencadenan correlativamente reacciones: elevación de la cabeza, extensión de los brazos, extensión de la columna, reacción incoordinada de las piernas, torpeza, tensión. El miedo, la deserción y los "defectos" en las flotaciones y zambullidas son resultado de esta errónea elección de los estímulos de la clase.
Por el contrario, disponer de una adecuada profundidad y de la exquisita gradualidad de estímulos que se integran en la variedad de los materiales, permitirá mantener la riqueza de la exploración motriz, disfrutar reafirmando así su seguridad personal y generar procesos de aprendizaje que consolidarán sin duda, un positivo desarrollo de la personalidad.
Beatriz Pérez