Autor:
Diego Fernández Sasso (*)
Muchos de los problemas graves que acechan a nuestra sociedad hoy en
día, son consecuencia directa de la falta de planificación, y los padres
no estamos exentos de responsabilidad. Inculcar hábitos es un rol
fundamental ligado a la paternidad, y cuando lo descuidamos, nuestros
hijos son los que pagan las consecuencias.
Un ejemplo de esto es la falta de educación en el hábito del deporte.
Los efectos no se hicieron esperar; la obesidad se ha incrementado a
niveles alarmantes. Cerca del 20 % de nuestros adolescentes son obesos,
con la consiguiente disminución de su rendimiento físico, el aumento de
las patologías asociadas a esta enfermedad y a la disminución de la
autoestima, problema de por sí muy presente en este grupo etareo.
Por otro lado el sedentarismo, la dificultad de sociabilizar y el
individualismo de nuestros niños y jóvenes se han incrementado con el
uso de la televisión y las computadoras, importantes inventos de la
humanidad, que hoy se utilizan muchas veces sin criterio ni control.
El deporte, como juego, es una actividad recreativa enriquecedora que
trae inmensos beneficios en lo físico, en lo mental y en lo espiritual.
Mezcla lo lúdico con la competencia, la hidalguía con el ansia de
triunfo, enseña a conocer nuestras limitaciones y habilidades, y nos
empuja muchas veces a superarnos. No importa si se trata de la práctica
de deportes de alto rendimiento o de un juego entre amigos. Cualquiera
que vaya periódicamente a un gimnasio, haya corrido una maratón o se
junte a jugar un “picadito” comprenderá este concepto.
El deporte, por sobre todo, inculca valores, y los padres somos quienes
debemos estimular su práctica con el ejemplo y la pasión desde la
primera infancia; al principio debe comenzar siendo un juego, para luego
convertirse en un hábito. Es cierto que nuestras actividades se han
incrementado exponencialmente, cada vez tenemos menos tiempo y más
estrés, pero como repito en el consultorio: “Nuestros hijos son lo que
nosotros hacemos de ellos”, y esta regla no hace excepciones, en el
hábito del deporte también tenemos tanta responsabilidad como en el
hábito del estudio mismo.
Amistad, trabajo en equipo, esfuerzo, disciplina, honor, recompensa, son
huellas que deja el deporte en nuestros hijos y que les permitirá ser
exitosos en la carrera que emprendan.
En nuestro país se realizó el Tercer Foro de Desarrollo Infantil
organizado por Ala y la Asociación Latinoamericana de Salud y Actividad
Física. En este encuentro se vio que la mayoría de los padres creen que
el deporte es fundamental en la vida de sus hijos; sin embargo, sólo la
mitad cree que sus hijos practican el deporte necesario, y, lo que es
peor, el 98 % cree que la práctica conjunta ayuda a armonizar y mejorar
la relación; empero, sólo el 8 % lograba cumplir ese objetivo.
Hasta aquí el problema, y aunque parezca increíble la solución es muy
sencilla. Recordemos la alegría que nos generaba ir a la plaza con
nuestros padres o cuando nos llevaban al club y alentaban desde un
costado.
Existen centenares de clubes de barrio o gimnasios, donde nuestros hijos
puedan iniciarse en la práctica deportiva, o si no simplemente tenemos
la posibilidad de usar plazas y paseos públicos donde podemos andar en
bicicleta, correr detrás de una pelota o simplemente pasear un rato.
En la mayoría de las instituciones educativas los padres organizan
encuentros deportivos y qué mejor que compartir ese momento con los
hijos. Y si esto aún no se hace en el lugar donde sus hijos estudian,
esta es una buena oportunidad para organizar algo que les traerá
beneficios a muchos otros padres e hijos.
Hágase un tiempo para practicar deporte con sus hijos o acompáñelos a
realizar sus actividades. No se necesita ser un as del deporte para
pasar un buen rato en familia y no tenga dudas de que el tiempo
invertido en esto tendrá una recompensa enorme.
(*) Médico. Miembro del equipo de profesionales de la Fundación Proyecto
Padres
Publicado el día 7 de Abril de 2007 en El Diario de Paraná. Página 8.
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