Ultima actualización 29/11/08

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EL TRABAJO VOLUNTARIO EN LAS ASOCIACIONES DEPORTIVAS 

            Una parte significativa de las actividades realizadas en el seno de las asociaciones deportivas es llevado a cabo por personas que se desempeñan en ellas de manera voluntaria, es decir ad honorem, materializando una prestación gratuita de servicios para y en el club. 

El trabajo voluntario muestra dos particularidades bien definidas: la voluntariedad simboliza un tipo especial de integración de la persona con una institución y representa una forma especial de actividad laboral. Y a su vez, el carácter peculiar de esa integración es que no se obliga ni se paga a los miembros para obtener de ellos la colaboración. 

De esta manera, podemos advertir que subyacen en dicha modalidad, dos rasgos bien definidos: uno de carácter económico y otro de tipo sociológico. 

Por un lado, el trabajo voluntario no supone costo alguno de carácter monetario para el club, lo que de por sí constituye una ventaja decisiva para el mismo, al no generar erogaciones en dinero para el sostenimiento de dicha porción del total de sus recursos humanos (sueldos, cargas sociales, vacaciones pagas, etc.). 

Es decir, que la colaboración voluntaria no esta incluida en el presupuesto económico-financiero de la institución deportiva, al no poder expresarse en valor monetario, lo que no significa que carezca en el sentido intrínseco del mismo, todo lo contrario.

Pero además de este ahorro significativo en el total de los costos operativos, el voluntariado posee también otras ventajas económicas y también inconvenientes que monetariamente resultar un tanto mas difíciles de medir. 

Es sabido, por nuestra experiencia recogida en nuestro desempeño como trabajadores voluntarios en subcomisiones de deportes o asociaciones civiles sin fines de lucro, que unos colaboradores mal elegidos, insuficientemente calificados, poco motivados o sencillamente insatisfechos con la tarea, suponen muchos inconvenientes para la entidad o el área del club en cuestión. 

La organización se torna ineficaz, los miembros comienzan a sentirse a disgusto, se dificulta la adaptación a nuevos intereses y necesidades de los miembros, no se suministran recursos desde el entorno en la medida en que sería posible o deseable, los colaboradores decepcionados abandonan el puesto o el club y en circunstancias ponen su competencia o la experiencia recogida a través de años de labor, a disposición de otras entidades deportivas de la competencia. 

Todo ello nos lleva a pensar, y a sugerir, que para el club merece y conviene, cualquier esfuerzo para lograr una buena planificación y dirección del personal, también con respecto a los colaboradores voluntarios. 

En función a ello, deviene imprescindible: elegir, emplear, motivar, preparar, dirigir y controlar a los colaboradores voluntarios. 

Para ello es menester estudiar las necesidades, analizar detenidamente las tareas y los requisitos del trabajo, describir los puestos de trabajo, evaluar la realización de las tareas, regular la selección de dichos miembros, planificar y controlar las actividades de los mismos. 

Ello es común al área de recursos humanos de cualquier organización cualquiera sea su género. Pero en el caso de las instituciones deportivas y asociaciones civiles sin fines de lucro, las colaboraciones voluntarias presentan además otras peculiaridades, como veremos a continuación. 

Los miembros voluntarios deciden en relación al tipo y volumen de su participación voluntaria; fijando el club una determinada necesidad en cuanto al tipo y volumen de la colaboración honorífica que requiere llevar adelante sus actividades. 

Lo uno y lo otro no necesariamente pueden llegar a coincidir. Y es por ello que deviene aquí la necesidad de una adaptación de ambos elementos de la ecuación: los socios a las exigencias del club o el club a la disposición para participar, la calificación, etc. de los miembros. 

Las empresas comerciales tienen a diferencia de los clubes, controles efectivos para asegurar o al menos forzar dicha adaptación: existe un sueldo o retribución económica por el trabajo realizado, en conjunción con una selección y control social de los recursos humanos a través de la aplicación de sanciones. 

En los clubes, en cambio, dichos instrumentos son de aplicación exclusivamente respecto del personal rentado, pero no así para los socios o colaboradores que se desempeñan de manera voluntaria, al resultar la relación club-colaborador ajena al ámbito de aplicación del derecho laboral, teniendo un sesgo de tipo informal. 

Aquí la sanción jurídica es reemplazada por el respeto, el reconocimiento, o el desprecio y la crítica. 

Además, y la realidad al menos en nuestro país lo indica, cada vez resulta menos probable (por múltiples factores) hallar personas dispuestas a ceder parte de su tiempo y/o esfuerzo a la realización de tareas voluntarias en clubes y asociaciones deportivas, con lo cual, ello provoca para el club una escasas posibilidades en cuanto para la elección de candidatos para cubrir diferentes puestos de carácter voluntario en el club.  

En muchos casos, ello provoca que las estructuras del club se adapten a las necesidades de los miembros y que sea imprescindible crear una cultura o marco de socialización en el seno del mismo que conlleve la adhesión voluntaria a participar, con miras a la creación de un verdadero capital humano para la institución deportiva. 

Quizás el secreto para lograr una efectiva incorporación de voluntarios al trabajo a realizarse en el club, sea comprender que en ausencia de un salario, el principal elemento a tener en cuenta sea conocer y potenciar al máximo los contenidos de las tareas a desarrollarse, los que serán los detonantes que impulsaran la motivación y la intensidad de la participación. 

En forma paralela, si se logra recrear una cultura de la integración, la solidaridad y la identidad entre los intereses de los miembros y los objetivos del club, los resultados pueden llegar a ser sorprendentes en cuanto al grado de compromiso alcanzado. 

Y es que el sentido de pertenencia, la satisfacción de realizar una determinada tarea, el reconocimiento social, o sencillamente (caso típico de las subcomisiones de deportes), el estar colaborando cerca de un familiar que practica determinada disciplina, crea filiación voluntaria en alto grado, y produce que el voluntario comience a hacer caso omiso, de si es o no remunerado, el tiempo libre que cede al club,  o cualquier otro factor de racionalidad a tener en cuenta al elegir una determinada actividad laboral. 

Del lado de la institución deportiva, es vital comprender y asumir que no sólo es voluntario ser miembro de la misma, sino también la colaboración voluntaria en si misma. Y en función a ello, es vital que se ofrezcan incentivos que motiven a los miembros para la participación. 

Cuantas veces, el colaborar en una comisión de deportes o realizar actividades de apoyo en un área específica del club, nos permite estar cerca de nuestro ídolo deportivo, o sencillamente aparecer en los medios televisivos de la comunidad,  tan solo por alcanzar a los periodistas el micrófono en una conferencia de prensa al finalizar un evento deportivo. Como bien reza una conocida propaganda: ¡hay cosas que no tiene precio!. 

Entonces, no se trata tanto de recompensas materiales, como de construcciones simbólicas, por ejemplo, honor, reconocimiento, autorrealización en el trabajo e influencia sobre los acontecimientos del club. 

Debemos asumir, entonces, que si una persona esta motivada por un deseo de integrarse al club, se va a esforzar, por ejemplo en crear relaciones amistosas, reuniones sociales y una atmósfera de armónica convivencia. De esta manera tanto el club como la persona sacan algo en positivo. 

A su vez, su buena predisposición trae aparejada la posibilidad de que atraiga a la órbita de la institución amigos, conocidos o compañeros de trabajo, que con el tiempo se traducirán en nuevos socios, creando una verdadera sinergia positiva de recursos. 

Entendemos, que para el club, no resulta fácil, en esta globalizada época de materialismo desbordado, necesidades económicas insatisfechas, apremios de tiempo y afán desmesurado de lucro, lograr que la gente se preste a colaborar en forma gratuita. 

Pero, si apelamos, a la verdadera necesidad de pertenencia que todo ser humano lleva consigo, unida a la vinculación de la misma con todo un imaginario de aspectos simbólicos implícitos en el deporte y la actividad social en general, podemos recrear las condiciones necesarias para materializar la afiliación voluntaria de una persona a la esfera de nuestro club, pero siempre teniendo en cuenta, qué podemos como institución deportiva ofrecerle a cambio de tan peculiar desempeño. 

Deseamos concluir este trabajo, expresando que la gestión de los recursos humanos de un club, en lo referido a su dotación de voluntarios, se enfrenta a una problemática particular que dificulta la planificación racional, muchas veces traducida en: escasa disposición para la participación, desconocimiento del número y grado de capacitación de los interesados, problemas en la selección y elección de los mismos, necesidad de adaptarse a las posibilidades de actuación y los intereses de los colaboradores voluntarios, actividades de integración y socialización. etc.

                                                                                  Ernesto J. H. De Vuono

                                                                       Técnico en Dirigencia Deportiva

Bibliografía:  

HEINEMANN, Klaus. “Introducción a la Economía del Deporte”. Editorial Paidotribo. Barcelona 1998

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