Ultima actualización 07/05/08

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SI TU QUIERES, PUEDES.

“Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estás en lo cierto

                                                           Henry Ford 

Muchas veces suceden hechos ó acontecimientos en la vida de un deportista, que por no representar la obtención de una medalla, batir un record ó, simplemente, ser protagonista de un evento destacado, pasa desapercibido en razón de su aparente falta de relevancia, no obstante resultar tanto para el atleta que lo experimenta como para su entorno inmediato (padres, entrenadores, compañeros de equipo, etc.) de un inmenso valor por el mensaje implícito y la enseñanza que nos brinda hacia el futuro. 

En un trabajo anterior (ver “Fidelización de Nadadores” Enero 2007) afirmábamos que en el ámbito deportivo “hay todo un complejo entramado de satisfacciones de valor que el deportista espera obtener de la vinculación con una institución deportiva o un equipo de competición en particular (logros deportivos, perfeccionamiento técnico, relaciones sociales, aumento de su autoestima, sentido de pertenencia, y  hasta una retribución de carácter pecuniario, en ciertos casos)”. 

Y es indiscutible que en la producción de ese valor, que el deportista debe percibir para incrementar su deseo de permanecer en un determinado club, el rol a desempeñar por parte de dirigentes y entrenadores resulta de una importancia fundamental. 

En una palabra, debe sentirse claramente motivado para continuar enfrentando los desafíos de todo tipo que presenta la práctica deportiva.

Lo que reseñamos a continuación es la breve historia de una nadadora juvenil, que por haber perdido la satisfacción de pertenecer al club en el que transcurrió gran parte de su infancia y adolescencia decide cambiar a otro, encontrando en este último una inesperada fuente de motivación que la lleva a encarar pruebas de competencia nunca experimentadas con anterioridad. 

La protagonista de nuestro relato comenzó su carrera en una institución que poseía un equipo competitivo prácticamente inexistente (cantidad exigua de nadadores, carencia de resultados a nivel local, regional, inexistencia absoluta de planificación, visión de futuro, etc.).

Fueron transcurriendo los años y por esas circunstancias del destino (o de las decisiones que debieron haberse tomado mucho tiempo antes), el equipo comienza a crecer, en cantidad y relevancia de nadadores como así también en la dimensión de sus logros deportivos.

Nuestra nadadora, un poco impregnada por el afecto al club como también por la presencia de nuevos talentos, que actuaban sobre ella a la manera de espejo, al principio se sentía orgullosa de su equipo.

Sin embargo, esa luz que al principio la nueva realidad proyectaba sobre ella, poco a poco se fue transmutando en sensación de lejanía e incomodidad.

Y es que el equipo iba creciendo en número y prestigio de nadadores, como así también en logros deportivos, pero por esa frenética necesidad de sobrevivir obteniendo resultados, comenzó a privilegiar la incorporación de figuras que le aseguraran su permanencia en lo alto del podio, antes que la formación y consolidación de valores propios.

Al principio, la protagonista de esta historia restaba importancia a esta sensación de desencuentro. Un poco porque en la adolescencia, todo es lirismo, pasión e impulso.

Y ello bloquea al ser humano para que tome cabal conciencia de las situaciones a que se enfrenta, hasta que éstas adquieren una evidente e indiscutible materialidad (deportiva, emocional, motivacional, etc.).

El entrenador, quizás como excusa o legítima expresión de no poder reavivar el fuego sagrado de nuestra nadadora, expresaba “ya no se que estilos le puedo hacer correr”, “a todo le pone cuestionamientos”, etc. etc. En el medio de ambos, estaban sus padres, mudos testigos de una situación desagradable por la que estaba transitando su ser más amado.

Y es que, quizás como velada protesta ella veía todo teñido de oscuridad, y en esa negrura poco a poco sus deseos de seguir nadando se iban extinguiendo. Entre esos “rotundos NO” se habían erigido como bandera de protesta las pruebas de nado libre.

Y aquí comienza el nudo de esta historia. Porque, aunque en determinada oportunidad quizás el entrenador se lo haya propuesto, ella jamás accedió a competir en 800 (y mucho menos) 1500 metros libres.

Ante el desenlace inevitable, abandonar la práctica de la actividad deportiva, opta por darse una nueva oportunidad, continuando su carrera en otro club.

 

Un soplo de aire fresco impregnó su vida deportiva. Y, a pesar de las naturales dificultades que todo cambio trae aparejado, poco a poco nuestra protagonista iba reavivando el interés por la natación. ¿Las razones de ello?. Pueden ser muchas.

Desde lo institucional, aprecio que en un equipo donde el entrenador no posee amplios recursos (humanos, materiales, financieros, etc.) debe esforzarse y agudizar su ingenio  para obtener el máximo rendimiento posible de los atletas que posee.

Y ello no debe verse como una crítica a los equipos grandes. Porque va de suyo, que todo aquél que más posee más quiere, como así también que el ser humano cuando tiene a su disposición una gran cantidad de recursos y medios, muchas veces pierde la necesidad de esmerarse en lograr punto óptimo en la utilización de los mismos.

Pero volvamos al eje de nuestro relato. Nuestra deportista ahora, se sentía realmente cómoda en éste su nuevo equipo. Hasta servía ella misma de espejo para deportistas de categorías inferiores a la suya. La alegría había vuelto a instalarse en su espíritu.

Un día sorprende a sus padres con esta noticia: “El próximo fin de semana corro los 800 y los 1500 metros libres”. Sorpresa total para sus padres y para sus  ex compañeros de equipo (uno no abandona los afectos aunque se mude a otro barrio), pero...¿y para el anterior entrenador?.

Y los corrió. Y aunque no hizo podio, clasificó. Y en dos difíciles pruebas que jamás había disputado en muchos años de natación competitiva.

Lo paradójico de esta historia es que su anterior entrenador la observaba mientras ella afrontaba este nuevo desafío, sistemáticamente auto-negado a través de muchos años. ¿Qué pensamientos surcarían la mente de este profesional?.

Las preguntas y respuestas que uno puede imaginar para intentar explicar esta situación, éste cambio de actitud son muchas. También no podemos dejar de tener en cuenta la volatilidad de las actitudes de los adolescentes.

Sí nos deja esta historia importantes enseñanzas. Por de pronto, la necesidad de cambiar cuando sentimos que algo ya no nos satisface, y que ha dejado de producirnos alegría y bienestar espiritual.

La otra, es la necesidad ineludible que deben asumir los entrenadores, no solo de contribuir al perfeccionamiento técnico de los atletas que las instituciones deportivas les confían a su cuidado, sino la concientización de que deben erigirse en líderes, para conducir y motivar a los deportistas.

Y sobre todo, adquiere una relevancia extrema la forma en que comunican las decisiones a los mismos.

Es posible que el anterior entrenador muchas veces le haya expresado a la nadadora su deseo de que participara en las pruebas mencionadas. Pero quizás, los modos de expresión, unido a las circunstancias de contexto derivadas de la situación general de ella en el equipo, la des-motivaban, para acceder a la petición del técnico.

En cambio, la deportista en un marco igualmente exigente, pero más armónico, distendido y motivador, QUIZO Y PUDO, vencer sus propias resistencias.

Ante casos como el reseñado otra duda que asalta nuestro pensamiento es: ¿cuántos potenciales valores se perderán diariamente en el deporte, por no estar tan suficientemente motivados?, o porque los entrenadores, absorbidos por la problemática del día a día, descuidan la realidad de que los deportistas son ante todo personas, y como tal deben ser motivados, a fin de que  DESEEN Y TRABAJEN PARA EL LOGRO DEPORTIVO (ó al menos accedan con buena predisposición anímica a cumplir las órdenes impartidas por el técnico).

                                                                                  Ernesto J. H. De Vuono

                                                                       Técnico en Dirigencia Deportiva (C.E.T.R.P.)

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