Ultima actualización 26/01/08

Copyright © 2000-2007 Federación Entrerriana de Natación
Todos los derechos reservados.

Sitio en la Web desde 02/01/2000



ACTITUD + APTITUD = ÉXITO 

            “Si a menudo focalizan sus pensamientos en lo que ustedes desean, éstos, finalmente se manifestarán”

                                                                                                               (Saint Germain) 

A menudo, tanto por haber realizado tareas en la esfera dirigencial en instituciones deportivas como por habernos comprometido en ese fascinante (aunque por momentos agotador) rol de ser padre de un deportista, hemos escuchado frases como éstas: “Hubiéramos podido ganar los 4x100 libres si fulanito, hubiera puesto lo que tenía que poner”, o bien, “El entrenador me ve con condiciones para correr los 100 mariposa, pero la verdad es que yo no me imagino en esa prueba”.  

A veces también son los propios entrenadores quienes con sus prédicas pre y post-competencia nos proveen de un vasto material para el análisis, en sentencias tales como: “Chicos muy mal la posta, vayan y agradezcan a menganito el no haber clasificado”, o bien “Los rivales son bravos, pero si salimos a la cancha con una buena actitud tenemos el triunfo asegurado”.  

Por cierto que el tema es muy amplio, y juzgo oportuno, antes de aventurarnos en cualquier análisis posterior, clarificar el sentido y el alcance de los términos que estamos utilizando. 

Para ello debemos recurrir a ese vasto, aunque cada vez menos consultado compendio, que es el Diccionario de la Lengua Española. 

Así leemos respecto de Actitud (segunda acepción): “manifestada disposición del ánimo”. Por su parte, para Aptitud leemos: Cualidad que hace que un objeto sea adecuado para un cierto fin. 2 Idoneidad para ejercer un empleo o cargo. 3. Capacidad y disposición para el buen desempeño de un negocio, industria, arte, etc. 

Cuenta una historia que en cierta oportunidad había dos hombres mirando a través de las rejas de una cárcel; uno vio el piso cubierto de lodo, el otro en cambio, alzó su vista y contempló un cielo nocturno cubierto de estrellas. 

Los avatares de la propia existencia, y si queremos acotarlo al ámbito deportivo, como decía el recordado Dante Panzeri, a “esa suma de imprevistos que es una competencia deportiva”, es muy difícil sino imposible prevenir lo que nos va a suceder, pero sí por nuestra propia naturaleza humana, podemos en cambio elegir la manera de enfrentar o reaccionar frente a los mismos. 

Y ese proceso de elección, esa postura en definitiva, no es ni más ni menos que nuestra Actitud, la que nos levantará o nos hundirá en lo más profundo. 

Eso diferenciaba a los dos sujetos del ejemplo anterior. 

En el terreno deportivo, muchas veces observamos a atletas que no han sido beneficiados desde el comienzo con los mejores recursos y óptimas condiciones para poder triunfar; no obstante, son ellos lo que llegan, disfrutan de la vida y gozan de un estado de ánimo y aliento, mientras que otros tantos, con mejores posibilidades para entrenar y competir, ante el menor inconveniente, asumen una postura de víctima y de descontento. 

Para el primer tipo, tenemos como ejemplos inmejorables a Diego Maradona y a las grandes estrellas del fútbol mundial nacidas en las favelas circundantes a Río de Janeiro o San Pablo, o bien como máximos de superación ante la adversidad a nuestro seleccionado de fútbol de no videntes “Los Murciélagos”, y en la natación al gran nadador paralímpico argentino Guillermo Marro. Todos ellos satisfacen plenamente la ecuación que titula este trabajo. 

Del otro tipo, sobran también ejemplos a diario, solo que pasan a engrosar una enorme lista tan solo como números estadísticos, o un triste recuerdo para quienes los han conocido. 

Víctor Frankl decía que “el destino no se puede cambiar; de lo contrario ya no sería destino. El hombre, sin embargo, sí que puede cambiar; de lo contrario ya no sería hombre”. 

Ahora bien, ¿basta con pensar y visualizar el éxito para que este mágicamente se materialice en nuestras vidas?. Para quienes creen que sí, lamentamos profundamente expresarles nuestra opinión. La Actitud sola no basta. 

¿Porqué?. Bueno, en principio porque esa actitud positiva, debe estar acompañada ineludiblemente de ciertas habilidades, talentos y capacidades, es decir de Aptitud para lograr el objetivo pretendido.  

En el momento en que el deportista no alcanza el objetivo o fracasa en su intento, nace la necesidad de realizar esa elección que se transformará en su actitud para seguir su trabajo de entrenamiento y superación, para usar el conocimiento derivado del error en un trampolín para su próximo logro, o bien considerarlo como una situación insuperable y sin retorno. 

Los estudiosos del tema dicen que “las malas actitudes hacen que lo que no luce bien, luzca aún peor. Las buenas actitudes generan puertas abiertas y oportunidades de oro”. Pero debemos tomar cabal conciencia de que en este punto, todo reside en nuestros pensamientos. Ellos nos conducen a la victoria o al fracaso. 

Michael Jordan ha dicho: “yo erré más de nueve mil veces al cesto en mi carrera. He perdido casi trescientos partidos. Veintiséis veces me confiaron el tiro de la victoria... y erré. He fallado una y otra vez en la vida, y es por eso que triunfo...” 

Por ello, es importante trabajar en aquello que podemos lograr, mejorar y capacitarnos de acuerdo con nuestra aptitud, desarrollando nuestras fortalezas, pero siempre partiendo de la base de que aquello que pensemos de nosotros mismos, será en definitiva lo que crezca dentro de nuestra mente, y finalmente se traduzca en resultados. 

De esta manera la Actitud es la fuerza interior y la confianza en nosotros mismos que nos impulsa y nos moviliza para vencer los obstáculos o circunstancias adversas. La aptitud, en cambio, es la habilidad y el potencial que poseemos para encontrar una salida a cada fracaso o imposibilidad. 

Tanto en la vida diaria, como en el deporte, ni la actitud ni la aptitud por sí solas alcanzan. Ambos son los términos imprescindibles del binomio para que la ecuación se cumpla, a saber: 

ACTITUD (pensamientos correctos)

+ APTITUD (habilidades, dones, talentos naturales)

 = ÉXITO 

En este momento, y como otro ejemplo perfecto de esta presencia indispensable de ambos factores, nos viene a la mente el vuelo de la Fuerza Aérea Uruguaya 571, conocido popularmente como el Milagro de los Andes, ocurrido en 1972,  cuando se estrelló en plena Cordillera de los Andes un avión militar con 40 pasajeros y 5 tripulantes que conducía al equipo de rugby Old Christians con destino a Chile. 

La lucha por sobrevivir es una de las más prolongadas en accidentes aéreos, habiendo podido ser rescatados con vida tan sólo 16 personas, luego de haber soportado las más crudas condiciones meteorológicas en la alta montaña, unida a la escasez de alimentos, y el dolor por la muerte de sus compañeros, pero permite contrastar que esos “16 elegidos” soportaron estoicamente la adversidad, y poseían como condición innata una serie de destrezas, habilidades y talentos naturales) para volcarlos a la acción de no quedarse entre los restos del avión sino buscar una salida al problema. 

Quizás, hayan tomado su situación como un partido en el cual no iban por la copa sino por su propia perdurabilidad física. ¡Lo lograron!

En definitiva se atrevieron a traspasar los límites de la dura realidad que los rodeaba, animándose a superar y a ir por más a pesar de todo, teniendo la confianza originada en el hecho de que creían poder hacer algo (actitud) y la capacidad para materializar con éxito dichos pensamientos en acciones concretas (aptitud). 

Para finalizar, estamos convencidos de que la Actitud se puede redefinir, a partir de una mirada interior a nuestras fortalezas y debilidades, en relación a nuestros deseos, proyectos, ambiciones, objetivos, etc., siempre partiendo de la base de que no arribar a un determinado resultado, no es un fracaso en si mismo, sino una nueva oportunidad para corregir el rumbo y vencer el error. En cuanto a la Aptitud, aún cuando posee una gran condición innata en el individuo, también se puede entrenar para mejorarla, superarla y alcanzar la Excelencia. 

                                                                                       Ernesto J. H. De Vuono (*) 

(*) El autor es Técnico en Dirigencia Deportiva egresado del Centro de Estudios Terciarios River Plate. Ex Consejero Titular de la Federación de Natación de Buenos Aires (FENABA). En la actualidad se desempeña como Tesorero de la Asociación Civil Técnicos en Dirigencia Deportiva (A.T.DI.DEP). 

BIBLIOGRAFÍA: 

STAMATEAS, Bernardo. “Fracasos exitosos”. 1ª ed. Buenos Aires. Javier Vergara Editor. 2007.  

AMIGUET, Luis. “Cuénteme cómo lo hizo”. Ediciones Deusto. 2005 

JENNINGS, Jasón y Haughton, Laurence. “No es el grande quién se come al chico, es el rápido el que se come al lento”. Ediciones Gestión 2000 S.A. Barcelona 2001. 

MANZ, Charles C. “El poder del fracaso”. Ediciones Gestión 2000 S.A. Barcelona 2002.