ACTITUD + APTITUD = ÉXITO
“Si a menudo focalizan
sus pensamientos en lo que ustedes desean, éstos, finalmente se
manifestarán”
(Saint Germain)
A menudo, tanto por haber realizado tareas
en la esfera dirigencial en instituciones deportivas como por habernos
comprometido en ese fascinante (aunque por momentos agotador) rol de ser
padre de un deportista, hemos escuchado frases como éstas: “Hubiéramos
podido ganar los 4x100 libres si fulanito, hubiera puesto lo que tenía que
poner”, o bien, “El entrenador me ve con condiciones para correr los
100 mariposa, pero la verdad es que yo no me imagino en esa prueba”.
A veces también son los propios
entrenadores quienes con sus prédicas pre y post-competencia nos proveen de
un vasto material para el análisis, en sentencias tales como: “Chicos muy
mal la posta, vayan y agradezcan a menganito el no haber clasificado”, o
bien “Los rivales son bravos, pero si salimos a la cancha con una buena
actitud tenemos el triunfo asegurado”.
Por cierto que el tema
es muy amplio, y juzgo oportuno, antes de aventurarnos en cualquier análisis
posterior, clarificar el sentido y el alcance de los términos que estamos
utilizando.
Para ello debemos
recurrir a ese vasto, aunque cada vez menos consultado compendio, que es el
Diccionario de la Lengua Española.
Así leemos respecto de
Actitud (segunda acepción): “manifestada disposición del
ánimo”. Por su parte, para Aptitud leemos:
Cualidad que
hace que un objeto sea adecuado para un cierto fin. 2 Idoneidad para ejercer
un empleo o cargo. 3. Capacidad y disposición para el buen desempeño de un
negocio, industria, arte, etc.
Cuenta una historia
que en cierta oportunidad había dos hombres mirando a través de las rejas de
una cárcel; uno vio el piso cubierto de lodo, el otro en cambio, alzó su
vista y contempló un cielo nocturno cubierto de estrellas.
Los avatares de la
propia existencia, y si queremos acotarlo al ámbito deportivo, como decía el
recordado Dante Panzeri, a “esa suma de imprevistos que es una
competencia deportiva”, es muy difícil sino imposible prevenir lo que
nos va a suceder, pero sí por nuestra propia naturaleza humana, podemos en
cambio elegir la manera de enfrentar o reaccionar frente a los mismos.
Y ese proceso de
elección, esa postura en definitiva, no es ni más ni menos que nuestra
Actitud, la que nos levantará o nos hundirá en lo más profundo.
Eso diferenciaba a los
dos sujetos del ejemplo anterior.
En el terreno
deportivo, muchas veces observamos a atletas que no han sido beneficiados
desde el comienzo con los mejores recursos y óptimas condiciones para poder
triunfar; no obstante, son ellos lo que llegan, disfrutan de la vida y gozan
de un estado de ánimo y aliento, mientras que otros tantos, con mejores
posibilidades para entrenar y competir, ante el menor inconveniente, asumen
una postura de víctima y de descontento.
Para el primer tipo,
tenemos como ejemplos inmejorables a Diego Maradona y a las grandes
estrellas del fútbol mundial nacidas en las favelas circundantes a
Río de Janeiro o San Pablo, o bien como máximos de superación ante la
adversidad a nuestro seleccionado de fútbol de no videntes “Los
Murciélagos”, y en la natación al gran nadador paralímpico argentino
Guillermo Marro. Todos ellos satisfacen plenamente la ecuación que titula
este trabajo.
Del otro tipo, sobran
también ejemplos a diario, solo que pasan a engrosar una enorme lista tan
solo como números estadísticos, o un triste recuerdo para quienes los han
conocido.
Víctor Frankl decía
que “el destino no se puede cambiar; de lo contrario ya no sería destino.
El hombre, sin embargo, sí que puede cambiar; de lo contrario ya no sería
hombre”.
Ahora bien, ¿basta con
pensar y visualizar el éxito para que este mágicamente se materialice en
nuestras vidas?. Para quienes creen que sí, lamentamos profundamente
expresarles nuestra opinión. La Actitud sola no basta.
¿Porqué?. Bueno, en
principio porque esa actitud positiva, debe estar acompañada ineludiblemente
de ciertas habilidades, talentos y capacidades, es decir de
Aptitud para
lograr el objetivo pretendido.
En el momento en que
el deportista no alcanza el objetivo o fracasa en su intento, nace la
necesidad de realizar esa elección que se transformará en su actitud para
seguir su trabajo de entrenamiento y superación, para usar el conocimiento
derivado del error en un trampolín para su próximo logro, o bien
considerarlo como una situación insuperable y sin retorno.
Los estudiosos del
tema dicen que “las malas actitudes hacen que lo que no luce bien, luzca aún
peor. Las buenas actitudes generan puertas abiertas y oportunidades de oro”.
Pero debemos tomar cabal conciencia de que en este punto, todo reside en
nuestros pensamientos. Ellos nos conducen a la victoria o al fracaso.
Michael Jordan ha
dicho: “yo erré más de nueve mil veces al cesto en mi carrera. He perdido
casi trescientos partidos. Veintiséis veces me confiaron el tiro de la
victoria... y erré. He fallado una y otra vez en la vida, y es por eso que
triunfo...”
Por ello, es
importante trabajar en aquello que podemos lograr, mejorar y capacitarnos de
acuerdo con nuestra aptitud, desarrollando nuestras fortalezas, pero siempre
partiendo de la base de que aquello que pensemos de nosotros mismos, será en
definitiva lo que crezca dentro de nuestra mente, y finalmente se traduzca
en resultados.
De esta manera la
Actitud es la fuerza interior y la confianza en nosotros mismos que nos
impulsa y nos moviliza para vencer los obstáculos o circunstancias adversas.
La aptitud, en cambio, es la habilidad y el potencial que poseemos para
encontrar una salida a cada fracaso o imposibilidad.
Tanto en la vida
diaria, como en el deporte, ni la actitud ni la aptitud por sí solas
alcanzan. Ambos son los términos imprescindibles del binomio para que la
ecuación se cumpla, a saber:
ACTITUD (pensamientos correctos)
+ APTITUD (habilidades, dones, talentos
naturales)
= ÉXITO
En este momento, y
como otro ejemplo perfecto de esta presencia indispensable de ambos
factores, nos viene a la mente el vuelo de la Fuerza Aérea Uruguaya 571,
conocido popularmente como el Milagro de los Andes, ocurrido en
1972, cuando se estrelló en plena Cordillera de los Andes un avión militar
con 40 pasajeros y 5 tripulantes que conducía al equipo de rugby Old
Christians con destino a Chile.
La lucha por
sobrevivir es una de las más prolongadas en accidentes aéreos, habiendo
podido ser rescatados con vida tan sólo 16 personas, luego de haber
soportado las más crudas condiciones meteorológicas en la alta montaña,
unida a la escasez de alimentos, y el dolor por la muerte de sus compañeros,
pero permite contrastar que esos “16 elegidos” soportaron estoicamente la
adversidad, y poseían como condición innata una serie de destrezas,
habilidades y talentos naturales) para volcarlos a la acción de no quedarse
entre los restos del avión sino buscar una salida al problema.
Quizás, hayan tomado
su situación como un partido en el cual no iban por la copa sino por su
propia perdurabilidad física. ¡Lo lograron!
En definitiva se
atrevieron a traspasar los límites de la dura realidad que los rodeaba,
animándose a superar y a ir por más a pesar de todo, teniendo la confianza
originada en el hecho de que creían poder hacer algo (actitud) y la
capacidad para materializar con éxito dichos pensamientos en acciones
concretas (aptitud).
Para finalizar,
estamos convencidos de que la Actitud se puede redefinir, a partir de una
mirada interior a nuestras fortalezas y debilidades, en relación a nuestros
deseos, proyectos, ambiciones, objetivos, etc., siempre partiendo de la base
de que no arribar a un determinado resultado, no es un fracaso en si mismo,
sino una nueva oportunidad para corregir el rumbo y vencer el error. En
cuanto a la Aptitud, aún cuando posee una gran condición innata en el
individuo, también se puede entrenar para mejorarla, superarla y alcanzar la
Excelencia.
Ernesto J. H. De Vuono (*)
(*) El autor es
Técnico en Dirigencia Deportiva egresado del Centro de Estudios Terciarios
River Plate. Ex Consejero Titular de la Federación de Natación de Buenos
Aires (FENABA). En la actualidad se desempeña como Tesorero de la Asociación
Civil Técnicos en Dirigencia Deportiva (A.T.DI.DEP).
BIBLIOGRAFÍA:
STAMATEAS, Bernardo.
“Fracasos exitosos”. 1ª ed. Buenos Aires. Javier Vergara Editor. 2007.
AMIGUET, Luis.
“Cuénteme cómo lo hizo”. Ediciones Deusto. 2005
JENNINGS, Jasón y Haughton, Laurence.
“No es el grande quién se come
al chico, es el rápido el que se come al lento”. Ediciones Gestión 2000 S.A.
Barcelona 2001.
MANZ, Charles C. “El
poder del fracaso”. Ediciones Gestión 2000 S.A. Barcelona 2002.