EL TRABAJO VOLUNTARIO EN LAS
ASOCIACIONES DEPORTIVAS
Una parte
significativa de las actividades realizadas en el seno de las asociaciones
deportivas es llevado a cabo por personas que se desempeñan en ellas de
manera voluntaria, es decir ad honorem, materializando una prestación
gratuita de servicios para y en el club.
El trabajo voluntario
muestra dos particularidades bien definidas: la voluntariedad simboliza un
tipo especial de integración de la persona con una institución y representa
una forma especial de actividad laboral. Y a su vez, el carácter peculiar de
esa integración es que no se obliga ni se paga a los miembros para obtener
de ellos la colaboración.
De esta manera, podemos
advertir que subyacen en dicha modalidad, dos rasgos bien definidos: uno de
carácter económico y otro de tipo sociológico.
Por un lado, el trabajo
voluntario no supone costo alguno de carácter monetario para el club, lo que
de por sí constituye una ventaja decisiva para el mismo, al no generar
erogaciones en dinero para el sostenimiento de dicha porción del total de
sus recursos humanos (sueldos, cargas sociales, vacaciones pagas, etc.).
Es decir, que la
colaboración voluntaria no esta incluida en el presupuesto
económico-financiero de la institución deportiva, al no poder expresarse en
valor monetario, lo que no significa que carezca en el sentido intrínseco
del mismo, todo lo contrario.
Pero además de este ahorro
significativo en el total de los costos operativos, el voluntariado posee
también otras ventajas económicas y también inconvenientes que
monetariamente resultar un tanto mas difíciles de medir.
Es sabido, por nuestra
experiencia recogida en nuestro desempeño como trabajadores voluntarios en
subcomisiones de deportes o asociaciones civiles sin fines de lucro, que
unos colaboradores mal elegidos, insuficientemente calificados, poco
motivados o sencillamente insatisfechos con la tarea, suponen muchos
inconvenientes para la entidad o el área del club en cuestión.
La organización se torna
ineficaz, los miembros comienzan a sentirse a disgusto, se dificulta la
adaptación a nuevos intereses y necesidades de los miembros, no se
suministran recursos desde el entorno en la medida en que sería posible o
deseable, los colaboradores decepcionados abandonan el puesto o el club y en
circunstancias ponen su competencia o la experiencia recogida a través de
años de labor, a disposición de otras entidades deportivas de la
competencia.
Todo ello nos lleva a
pensar, y a sugerir, que para el club merece y conviene, cualquier esfuerzo
para lograr una buena planificación y dirección del personal, también con
respecto a los colaboradores voluntarios.
En función a ello, deviene
imprescindible: elegir, emplear, motivar, preparar, dirigir y controlar a
los colaboradores voluntarios.
Para ello es menester estudiar las
necesidades, analizar detenidamente las tareas y los requisitos del trabajo,
describir los puestos de trabajo, evaluar la realización de las tareas,
regular la selección de dichos miembros, planificar y controlar las
actividades de los mismos.
Ello es común al área de
recursos humanos de cualquier organización cualquiera sea su género. Pero en
el caso de las instituciones deportivas y asociaciones civiles sin fines de
lucro, las colaboraciones voluntarias presentan además otras peculiaridades,
como veremos a continuación.
Los miembros voluntarios
deciden en relación al tipo y volumen de su participación voluntaria;
fijando el club una determinada necesidad en cuanto al tipo y volumen de la
colaboración honorífica que requiere llevar adelante sus actividades.
Lo uno y lo otro no
necesariamente pueden llegar a coincidir. Y es por ello que deviene aquí la
necesidad de una adaptación de ambos elementos de la ecuación: los socios a
las exigencias del club o el club a la disposición para participar, la
calificación, etc. de los miembros.
Las empresas comerciales
tienen a diferencia de los clubes, controles efectivos para asegurar o al
menos forzar dicha adaptación: existe un sueldo o retribución económica por
el trabajo realizado, en conjunción con una selección y control social de
los recursos humanos a través de la aplicación de sanciones.
En los clubes, en cambio,
dichos instrumentos son de aplicación exclusivamente respecto del personal
rentado, pero no así para los socios o colaboradores que se desempeñan de
manera voluntaria, al resultar la relación club-colaborador ajena al ámbito
de aplicación del derecho laboral, teniendo un sesgo de tipo informal.
Aquí la sanción jurídica es
reemplazada por el respeto, el reconocimiento, o el desprecio y la crítica.
Además, y la realidad al
menos en nuestro país lo indica, cada vez resulta menos probable (por
múltiples factores) hallar personas dispuestas a ceder parte de su tiempo
y/o esfuerzo a la realización de tareas voluntarias en clubes y asociaciones
deportivas, con lo cual, ello provoca para el club una escasas posibilidades
en cuanto para la elección de candidatos para cubrir diferentes puestos de
carácter voluntario en el club.
En muchos casos, ello
provoca que las estructuras del club se adapten a las necesidades de los
miembros y que sea imprescindible crear una cultura o marco de socialización
en el seno del mismo que conlleve la adhesión voluntaria a participar, con
miras a la creación de un verdadero capital humano para la
institución deportiva.
Quizás el secreto para
lograr una efectiva incorporación de voluntarios al trabajo a realizarse en
el club, sea comprender que en ausencia de un salario, el principal elemento
a tener en cuenta sea conocer y potenciar al máximo los contenidos de las
tareas a desarrollarse, los que serán los detonantes que impulsaran la
motivación y la intensidad de la participación.
En forma paralela, si se
logra recrear una cultura de la integración, la solidaridad y la identidad
entre los intereses de los miembros y los objetivos del club, los resultados
pueden llegar a ser sorprendentes en cuanto al grado de compromiso
alcanzado.
Y es que el sentido de
pertenencia, la satisfacción de realizar una determinada tarea, el
reconocimiento social, o sencillamente (caso típico de las subcomisiones de
deportes), el estar colaborando cerca de un familiar que practica
determinada disciplina, crea filiación voluntaria en alto grado, y produce
que el voluntario comience a hacer caso omiso, de si es o no remunerado, el
tiempo libre que cede al club, o cualquier otro factor de racionalidad a
tener en cuenta al elegir una determinada actividad laboral.
Del lado de la institución
deportiva, es vital comprender y asumir que no sólo es voluntario ser
miembro de la misma, sino también la colaboración voluntaria en si misma. Y
en función a ello, es vital que se ofrezcan incentivos que motiven a los
miembros para la participación.
Cuantas veces, el colaborar
en una comisión de deportes o realizar actividades de apoyo en un área
específica del club, nos permite estar cerca de nuestro ídolo deportivo, o
sencillamente aparecer en los medios televisivos de la comunidad, tan solo
por alcanzar a los periodistas el micrófono en una conferencia de prensa al
finalizar un evento deportivo. Como bien reza una conocida propaganda: ¡hay
cosas que no tiene precio!.
Entonces, no se trata tanto de
recompensas materiales, como de construcciones simbólicas, por ejemplo,
honor, reconocimiento, autorrealización en el trabajo e influencia sobre los
acontecimientos del club.
Debemos asumir, entonces,
que si una persona esta motivada por un deseo de integrarse al club, se va a
esforzar, por ejemplo en crear relaciones amistosas, reuniones sociales y
una atmósfera de armónica convivencia. De esta manera tanto el club como la
persona sacan algo en positivo.
A su vez, su buena
predisposición trae aparejada la posibilidad de que atraiga a la órbita de
la institución amigos, conocidos o compañeros de trabajo, que con el tiempo
se traducirán en nuevos socios, creando una verdadera sinergia positiva de
recursos.
Entendemos, que para el
club, no resulta fácil, en esta globalizada época de materialismo
desbordado, necesidades económicas insatisfechas, apremios de tiempo y afán
desmesurado de lucro, lograr que la gente se preste a colaborar en forma
gratuita.
Pero, si apelamos, a la
verdadera necesidad de pertenencia que todo ser humano lleva consigo, unida
a la vinculación de la misma con todo un imaginario de aspectos simbólicos
implícitos en el deporte y la actividad social en general, podemos recrear
las condiciones necesarias para materializar la afiliación voluntaria de una
persona a la esfera de nuestro club, pero siempre teniendo en cuenta, qué
podemos como institución deportiva ofrecerle a cambio de tan peculiar
desempeño.
Deseamos concluir este
trabajo, expresando que la gestión de los recursos humanos de un club, en lo
referido a su dotación de voluntarios, se enfrenta a una problemática
particular que dificulta la planificación racional, muchas veces traducida
en: escasa disposición para la participación, desconocimiento del número y
grado de capacitación de los interesados, problemas en la selección y
elección de los mismos, necesidad de adaptarse a las posibilidades de
actuación y los intereses de los colaboradores voluntarios, actividades de
integración y socialización. etc.
Ernesto J. H. De Vuono
Técnico en Dirigencia Deportiva
Bibliografía:
HEINEMANN, Klaus.
“Introducción a la Economía del Deporte”. Editorial Paidotribo. Barcelona
1998
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