Ultima actualización 17/11/06

 

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“MI HIJO EL CAMPEON”

Las presiones de los padres y el entorno

En esta tarea cotidiana, aún no del todo resuelta, pero no por ello menos fascinante, de encarar nuestro rol de padres de deportistas, compartiendo con ellos (al menos desde un punto de vista  afectivo) los sacrificios del entrenamiento, las ansiedades de la precompetencia, las glorias en los momentos de hacer podio y los bajones, cuando las cosas no salen como ellos esperaban; llega a nuestras manos esta obra escrita, ya hace algunos años por Marcelo ROFFE, Alfredo FENILI, Nelly GISCAFRE ,“MI HIJO EL CAMPEON”. Las presiones de los padres y el entorno.

El prestigio de los autores, todos ellos profesionales especializados en Psicología del Deporte, nos brindan un aleccionador panorama, acerca de cómo encarar nuestra relación como padres de deportistas, especialmente si estos se hallan atravesando el  turbulento período de la adolescencia, a la que se deben sumar las vivencias y el tan especial sentir que rodea a quienes se hallan inmersos en la práctica de un deporte.

Si bien la obra está pensada y escrita para el ámbito del fútbol; Marcelo ROFFE, ha sido un gran colaborador en las selecciones juveniles de la Asociación del Fútbol Argentino, el carácter universal de los principios expuestos, la hace extensible a cualquier rama de la actividad deportiva.

“Hoy se juega menos, se disfruta menos y se aprende menos, pues cada día el triunfo, obtenido a cualquier precio, es el único valor sustentable. Poder disfrutar del deporte, a través del juego, paso a ser un pensamiento naif y descolgado de la realidad”, se afirma en el prólogo.

Más adelante, y ya en clara alusión a los padres, encontramos:

“Ser padre es no querer ser otra cosa que eso. Es aceptar las limitaciones, el paso del tiempo sin conflicto y compartir con nuestros hijos los maravillosos momentos en que estamos juntos sin otra pretensión”.

“Se presiona a un chico cuando se le exige más de lo que puede dar”.

Podríamos resumir estas dos ideas centrales partiendo de la base que a veces como padres, caemos en la confusión de pretender que ellos realicen o logren cosas que representan frustraciones del pasado para nosotros, y de esta forma (muchas veces los entrenadores se hacen cómplices de esta situación) se le induce al joven a pensar que ganar es lo único que tiene valor, y de esta manera se van acelerando los tiempos de la evolución natural, todo lo cual a la postre produce un resultado de signo totalmente opuesto al esperado: el joven comienza a sentir que no es útil, que no está a la altura de las responsabilidades que se le asignan y finalmente, ingresa en una zona de declinación de su actividad deportiva, por cuanto “si no hay placer lúdico no se puede sostener el proceso de aprendizaje y este no podrá ser volcado en lo competitivo. “La necesidad de triunfo asfixia, y el logro se aleja, pues la capacidad de pensar libre y creativamente y la capacidad de movernos...se achican notablemente”

Así, el logro, no es una variable dependiente exclusiva de los triunfos, sino que tiene como principales fuentes de alimentación la convicción el sentido de competencia y el apoyo recibido desde los demás (padres, entrenadores, compañeros, amigos, etc.).

Hoy se reconoce, casi de manera unánime, que el deporte ha pasado a desempeñar un papel muy importante como punto de encuentro entre padres e hijos, dado que se comparten intereses y se favorece de manera directa un acercamiento entre los mismos, tanto más trascendente cuando nos situamos en el período de socialización del niño (desde los 5 hasta los 12 años aproximadamente). 

Entre uno de los elementos resultantes más importantes de esta fase del crecimiento, está el adquirir la capacidad de poder optar y tomar decisiones por sí mismos, ya sea basadas en experiencias propias o surgidas de la observación o imitación de la conducta de los demás. 

De esta manera, el niño o el joven, práctica el deporte porque le gusta, y sobre todo porqué él quiere hacerlo, no porque “papá me obliga o me lo sugiere”.

El famoso tenista André Agassi, expresó en cierta oportunidad: “De los 3 a los 13 años, amé cada minuto que pude jugar, y eso se lo debo a mi padre. Él tiene mucho que ver con mi éxito actual... pero en la adolescencia sentía que mi padre ponía muchas expectativas en mí. Nuestra relación se basaba exclusivamente en el tenis. Yo quería qué él fuera mi papá no mi entrenador” (ANDRE AGASSI, Diario Clarín, 29/01/01).

En la adolescencia, (adolescencia proviene del verbo adolecer, sufrir), se dan frecuentemente cambios en el estado de ánimo, exteriorizados bajo la forma de estados de depresión, agresión, rebeldía, etc. Y en ese mapa de confusiones y contradicciones, puede aparecer el deporte.

Por eso, es importante que los padres (y por supuesto los entrenadores) acompañen y guíen a los jóvenes, siempre sobre la base de que estos realizan la actividad porque se sienten capaces de hacerla y porque con ello se gratifican y se encuentran contenidos, cómodos e ingresando en una vía que los proyecte a ser mejores adultos el día de mañana.

En este modelo de pensamiento, los autores califican como padres equilibrados a aquellos que:

  • Se meten lo justo y necesario.
  • Se preocupan por sus hijos.
  • No realizan preguntas por la eficacia.
  • Confían (no depositan) a sus hijos en los entrenadores.
  • No exigen ni presionan.
  • Disfrutan yéndolos a ver cada tanto y son felices de verlo bien y que disfrutan gracias al deporte, tengan cosas para contar. Padres que también saben contener.
  • Están en las buenas y en las malas.
  • Los que se apasionan sin ejercer presión.
  • Reconocen que sus hijos sienten y piensan por sí mismos.
  • Transmiten a sus hijos la audacia que conlleva convivir con las presiones de la vida cotidiana y los instruyen acerca de los modos más efectivos de superarlas.

En los extremos de la escala, se sitúan por un lado, los padres indiferentes (no saben nada acerca de sus hijos ni se preocupan) y en el otro los sobreprotectores (pesados, invasivos, buscan la simpatía de los entrenadores, no confían plenamente en el técnico, etc.) Tanto en un caso como en el otro, terminan malogrando aquél ser que expresan “es lo que más quieren”.

Por otro lado, también la obra aporta ideas para los jóvenes que anhelan ser campeones.

¿Quién puede ser campeón?. Es obvio que no todos pueden serlo. Sin embargo hay tres características que en ellos se repiten:

·         Poseer una meta muy fuerte.

·         Pasión por el deporte que practica

·         Tolerancia a la frustración.

En cuanto a Competir y Ganar, sabemos que el camino del campeón esta impregnado con lágrimas, obstáculos, dificultades que a menudo parecen insalvables. El deportista siente muy a menudo la tentación de abandonar por agotamiento, a pesar de lo cual hay una fuerza en su espíritu que lo anima a intentarlo una  y otra vez.

Alguien dijo una vez que lo importante no es la meta, sino el camino que transitamos en pos de ella, es decir, el viaje. Y ese es el verdadero sabor del triunfo. Lo que vamos aprendiendo en cada instante de nuestro paso por la actividad deportiva.

No por ello, es menos importante el momento de saborear los logros. Valgan, a modo de cierre las palabras de Paulo Coelho: “Cuando ganes, festéjalo, es un importante rito de pasaje. Esta victoria costó momentos difíciles, noches de dudas, interminables días de espera. Desde los tiempos antiguos, celebrar un triunfo formó parte del propio ritual de la vida”.

Ernesto J. H. De Vuono

Técnico en Dirigencia Deportiva (C.E.T.R.P)

BIBLIOGRAFÍA:

ROFFE, Marcelo,  FENILI Alfredo, GISCAFRE Nelly. “Mi hijo el Campeón”. Las presiones de los padres y el entorno. Lugar Editorial S.A. Buenos Aires. 2003.

“Por tu Espíritu Deportivo”. Vergara & Riba Editoras. Buenos Aires. 2002.


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