Entrenador: Herramientas para definir su filosofía
Lic. Carlos Giesenow
El liderazgo es
uno de los fenómenos más estudiados y, a la vez, posiblemente menos
comprendidos de la experiencia humana. Es por ello, entre otros motivos, que
no existe ninguna definición universalmente aceptada para este concepto.
Entre las múltiples definiciones existentes, se puede resaltar que el liderazgo
es un proceso conductual de influencia entre individuos y grupos hacia el
logro de objetivos. Esta definición implica diversas
conductas como: tomar decisiones, emplear técnicas motivacionales, brindar
feedback, establecer relaciones interpersonales y dirigir al grupo con
confianza. Planteada así, la relación es dinámica, no solo el líder influye
sobre el equipo, sino que el equipo también influye sobre el conductor. Es
un contrato psicológico entre el entrenador y los deportistas; este contrato
tiene una variedad de expectativas, demandas y requisitos para ambos lados.
A su vez, para
ser considerado efectivo en el ámbito deportivo, cada líder formal tiene dos
responsabilidades básicas que debe cumplir:
a Asegurarse
que las demandas de la organización son satisfechas, que el grupo sea
efectivo en cuanto a los objetivos y metas de la organización; es decir, que
se obtengan los resultados esperados.
a Asegurarse
que las necesidades y aspiraciones de los miembros del grupo son
satisfechas; es decir, que los integrantes del grupo rindan de acuerdo con
sus respectivas capacidades, que sientan que alcanzan sus metas y que estén contentos con
su participación y la pertenencia al grupo.
Efectos del
liderazgo efectivo
Cuando el
liderazgo es efectivo los deportistas:
§ Luchan
más y mejor para conseguir el objetivo propuesto; tienen mayor
autoconfianza.
§ Aprenden
todo aquello que potencie su actividad deportiva.
§ Se
sienten más integrados en el grupo, con lo que su motivación se ve
favorecida.
§ Disfrutan
más con una actividad que exige esfuerzo de su parte.
En definitiva,
el liderazgo efectivo produce mejoras en:
Rendimiento, Satisfacción y Cohesión Grupal |
Como se hace
evidente, ser entrenador va más allá de la simple instrucción de cuestiones
técnicas, tácticas y reglamentarias del juego. Esto es sólo un aspecto del
rol del entrenador moderno. Algunos señalan que al asumir la plena
responsabilidad de ser un entrenador, el desarrollo de la persona completa es
igual de importante que el éxito deportivo. Mientras que las habilidades
físicas que uno enseña a los deportistas van a ser usadas por poco tiempo,
las actitudes y los valores que puedan desarrollar van a permanecer con
ellos gran parte de su vida.
Para poder ser
un entrenador de éxito es necesario definir
y adoptar una filosofía y unos objetivos propios. Esta filosofía
personal va a
estar formada por las creencias
y principios que sirven como guía para la acción; por
ejemplo, ayudan en la toma de decisiones y organizan las prioridades. Es
como tener un par de gafas que filtran la
realidad a través de las creencias, los valores, las opiniones y las
experiencias que uno posea. Tiene una influencia directa sobre cómo vemos y
entendemos al mundo, qué decisiones y acciones tomamos y cómo nos
comportamos. En el caso que nos compete, refleja la concepción de lo que uno
cree que es su rol como entrenador. La filosofía nos guía en cada paso,
ayuda a interpretar los hechos de la vida y le da dirección a la misma.
Moldea cómo vemos nuestras experiencias de vida, cómo vemos a las personas y
nuestras relaciones con ellos. Aunque le da consistencia a la conducta, la
filosofía puede cambiar con el tiempo ya que se basa en las ideas formadas a
partir de las experiencias personales, las opiniones obtenidas de los
conocimientos adquiridos y las esperanzas, deseos y aspiraciones para el
futuro.
Muchos
entrenadores se desencantan con esta idea de “la filosofía”, les resulta
difícil entender cómo su filosofía impacta sobre su quehacer diario y los
problemas que deben enfrentar. Sin embargo, la filosofía de entrenamiento o
de enseñanza que pueda tener un líder de grupo es, en realidad, una cuestión
sumamente práctica. La concepción que tenga del entrenamiento lo lleva, por
ejemplo, a formular las reglas de funcionamiento de su equipo, los objetivos
a corto, mediano y largo plazo, el estilo de juego, las pautas para las
relaciones interpersonales, la disciplina y el control del entrenamiento,
los códigos de conducta de los deportistas y muchos otros aspectos como los
métodos de motivación y la manera de enfrentar los problemas y conflictos.
Aunque la
filosofía se ve en cada acción que el entrenador emprende, muchos no se
involucran en un proceso explícito para definirla. Es decir, no siempre es
elaborada conscientemente y de forma reflexiva. El desarrollo de una
filosofía como entrenador tiene dos tareas principales:
a Auto-conocimiento/auto-conciencia: convertirse
en un estudioso de los propios sentimientos y de quién uno es.
a Clarificación
de objetivos: priorizar
y delinear sus metas de entrenamiento que brindan dirección y compromiso.
|
¿Cuáles son sus motivos para ser entrenador?
Los
entrenadores citan frecuentemente los siguientes motivos:
-
Devolverle algo al deporte.
-
Ayudar a otros a lograr/alcanzar
objetivos
-
Ama el deporte y quiere seguir
ligado a él.
-
Por el reconocimiento.
-
Por el dinero.
-
Disfruta entrenar y/o enseñar.
-
Por la sensación de control.
-
Para hacer algo en el tiempo
libre.
-
Para ganar.
-
Para aprender más sobre el proceso
de entrenamiento.
-
Una forma de mantenerse activo.
-
Otros
|
Herramientas
para desarrollar una filosofía propia
Para definir la
filosofía propia es preciso realizar primero un proceso de reflexión e
introspección bastante profundo. La idea central y punto de partida aquí es
conocerse, comprenderse y ser honesto y coherente con uno mismo ya que el
respeto de los demás se va a lograr respetándose primero uno mismo.
Se puede empezar
preguntándose: ¿cuál
es mi filosofía?, es decir, ¿qué
principios guían mi accionar?, tanto en relación a la vida en
general, como en relación al deporte y, en particular, al deporte de
elección. Otras preguntas relacionadas con la anterior serían:
¿Qué objetivos tengo? (tanto
en la vida como en el deporte)
¿Por qué practico o
participo de este deporte?
¿Por qué soy entrenador?
¿Para qué estoy
involucrado en este deporte, en este grupo, en esta institución?
¿Qué quiero lograr dentro
de este deporte?
¿Qué quiero lograr con
este grupo de personas del que formo parte?
¿Estoy yendo en la
dirección que quiero?
¿Me comporto guiado por mi
filosofía?
¿Tengo una meta a largo
plazo (misión)?
¿Mi comportamiento está en
función de mis metas?
¿Cómo puedo mejorar?
¿Disfruto de lo que estoy
haciendo?
¿Qué aspectos no me
agradan de esta actividad?
¿Cuáles son las metas
personales y del equipo que quiero fijar para la temporada?
¿Qué grado de coincidencia
existe entre mis metas y las del grupo?
¿Qué quiero transmitir a
este grupo de deportistas?
¿Qué legado quiero dejar
en esta institución?
También uno
puede realizarse algunas preguntas de índole más personal, tales como:
¿Quién soy yo?
¿Qué quiero lograr en la
vida?
El entrenador
puede preguntarse si está al servicio de sus jugadores o si los utiliza para
sus propios fines. Respecto de esto, es interesante resaltar que el término
“coach” en inglés significa
“entrenador”, pero también “carruaje” y puede considerarse, en ambas
acepciones, como un facilitador que ayuda a las personas a alcanzar sus
metas con el mayor éxito, solvencia y rapidez.
Definir todos
estos aspectos es un proceso continuo, interno, íntimo y personal; se
adquiere a través de la experiencia e introspección. Si bien alguien los
puede guiar, nadie va a poder hacerlo por ustedes, ni tampoco se puede tomar
una filosofía prestada.
Es un proceso continuo porque periódicamente uno puede volver a hacerse
estas preguntas ya que las experiencias y el crecimiento personal hacen que
uno vaya reformulando sus objetivos y su visión del mundo. También es
importante conservar una mente abierta y ser sincero con uno mismo para
seguir creciendo personal y profesionalmente.
Este proceso es
crucial ya que sólo cuando uno tiene estos aspectos claramente definidos es
que va a saber si su conducta es coherente. Tomar conciencia de cuál es su
filosofía reduce la posibilidad de que un buen día descubra que se ha
traicionado a si mismo.
Hay otras
acciones que uno puede emprender que ayudan a definir la filosofía. Entre
ellas se sugieren:
a Consultarles
a personas cercanas sobre cómo ellos perciben que uno es, qué estilo tiene y
cómo piensan que se está desempeñando. Si bien esta puede ser una
experiencia sumamente enriquecedora demanda una fortaleza, humildad y
capacidad de autocrítica inmensas para estar dispuesto a escuchar, no
sentirse atacado, no ponerse a la defensiva (o a la ofensiva), tomar en
cuenta la información que se le brinda y utilizarla para crecer. Otra
posibilidad es trabajar con los asistentes (el cuerpo técnico) como equipo y
compartir descripciones de las conductas del otro. Pueden debatir, por
ejemplo, sobre maneras alternativas de lidiar con situaciones y deportistas
difíciles.
a Pensar
en el entrenador que más los marcó en
su carrera deportiva, ¿qué cualidades tenía?, ¿qué
le transmitió?
a Analizar
entrenadores que uno admira. ¿Sobre qué principios y valores basan su
accionar? Si bien, como se señaló, es conveniente desarrollar una filosofía
propia, cuando uno se está iniciando en la profesión y en este análisis es
lógico tomar alguien como modelo y referente. Para esto puede servir leer
libros sobre otros entrenadores, asistir a clínicas, e incluso
entrevistarlos si es posible. Si uno intenta copiar todo de
otra persona ese emprendimiento tenderá a fracasar, a la larga conviene
decidir basado en quien uno es, pero a veces no está mal probar ideas de
otros hasta formarse una experiencia y opinión propia.
a Automonitorearse,
por ejemplo, llevar un registro de las acciones propias, en papel o esto se
puede realizar con la asistencia de alguien que lo filme (a usted como
entrenador, no al equipo) durante un partido o entrenamiento y luego
analizar la grabación. ¿Se reconoce en los gestos, las actitudes? ¿Encontró
algo que no esperaba? ¿Lo deja conforme su presencia, la forma en que
transmite los mensajes, etc.? ¿Conserva la compostura en momentos tensos?
a Apoyarse
en un mentor quien también los ayuda a esclarecer su filosofía, alguien de
mayor experiencia que uno realmente respete y confíe, a quien uno puede
llevarle sus problemas para construir juntos una solución y/o aprender de
cómo ha resuelto situaciones similares.
a Finalmente,
otra consigna que puede ayudar es realizar un listado de cinco criterios
(entre los cuales uno no sea “ganar”) con los cuales usted evalúa su éxito
como entrenador. A continuación, intente cuantificar u operacionalizar cada
criterio citado, es decir, anote cómo se daría cuenta de que está cumpliendo
dicho criterio, de que está en camino de satisfacerlo o de qué manera sabría
que lo ha logrado.
Los hechos van a
poner a prueba estos principios, ante las dificultades se va a hacer
evidente si uno está convencido de su filosofía y si ésta es consistente o
no. Sin embargo, apegarse a una filosofía puede traer cierta dosis de
frustración. Louis Van Gaal, entrenador de fútbol, al decidir marcharse del
Barcelona F. C. señaló que “Núñez [el presidente de la institución] me fichó
por mi filosofía, por mi personalidad, por mi carácter y por el juego que
hacía el Ajax. Pero mi filosofía no se corresponde con la cultura de este
país y jamás la pude desarrollar”. El director técnico holandés deja
entrever con esto que uno de los motivos que lo llevaron a alejarse del
puesto es el no haber podido transmitir su filosofía al equipo con el que
trabajó y que prefiere alejarse a cambiar su enfoque.
Conclusión
La labor del
entrenador demanda gran responsabilidad y muchas horas de dedicación y
trabajo. Está expuesto a muchas exigencias y presiones. Va a ser tironeado desde
diferentes lugares por personas que pueden tener intereses contrapuestos. En
este sentido, la filosofía es también una salvaguarda para los momentos
difíciles, las premisas básicas a las cuales uno vuelve cuando siente que ha
extraviado el camino, y una guía en las situaciones de tensión y confusión.
Desarrollar una sólida filosofía es una forma que el entrenador tiene de
cuidar al equipo cuidándose primero él mismo.
Finalmente, otro
de los beneficios de poseer una filosofía consistente es que lleva al
entrenador a tener un enfoque sincero y genuino. Esto, a su vez, lleva a que
el vínculo entre el líder y los dirigidos se haga más fuerte, alcanzando
mayores niveles de compromiso y de rendimiento deportivo.
[Por último, quisiera hacer una aclaración: aunque en el desarrollo del
artículo me exprese, para simplificar, siempre en masculino (“el
entrenador”, etc.), obviamente, las mismas consideraciones son aplicables en
el caso de entrenadoras de sexo femenino.]
Este texto está extraído y
adaptado del libro Psicología
de los equipos deportivos (Ed.
Claridad).
Carlos Giesenow
Psicólogo, especializado en clínica y deporte. Integrante del cuerpo técnico
de las Selecciones Juveniles de la Federación del Voleibol Argentino (FeVA)
y del Departamento de Psicología Deportiva del Fútbol Amateur en la
Asociación Atlética Argentinos Juniors. Experiencia trabajando con
deportistas de alto rendimiento de Selecciones Nacionales, profesionales y
amateurs. Secretario de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina (APDA).
Docente en APDA, Universidad de Buenos Aires, Universidad de Belgrano y
Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Asesor de tenis100 para la Copa
Prince de tenis. Presentaciones en Congresos nacionales e internacionales,
así como capacitaciones para federaciones deportivas y empresas. Autor del
libro “Psicología de los equipos deportivos”.