LOS
ENTRENADORES: ESOS ETERNOS OLVIDADOS
Ps. Laura M. Tallano
(Dedicada a la Psicología del deporte)
En la situación coyuntural crítica del deporte que se vive
actualmente, donde se tiende a la privatización, se privilegian los
resultados por encima de la salud, y el mercantilismo deportivo está a la
orden del día, la figura del entrenador es a la vez relevante y complicada.
El entrenador es el que más roles cumple y por ello tiene mayor
posibilidad de conflicto. Está en el medio de los actores del deporte ya que
debe poder relacionarse y entenderse con directivos y con deportistas.
Además, en los tiempos que corren de hiper
especialización en todo nivel, debe ser un experto de hasta lo inimaginable
que potencie el rendimiento deportivo, conociendo básicamente teorías de
entrenamiento y teniendo nociones de fisiología, medicina, psicología,
pedagogía, kinesiología, sociología y otras ciencias más. Debiendo saber
combinarlas en el momento justo y necesario.
Como se ve todo ello lo lleva a resistir presiones que, a veces,
son mayores a las que se ven sometidos los deportistas.
Son los fusibles de todas las situaciones que se dan dentro del
marco deportivo. Si el rendimiento no es bueno, seguramente será el señalado
como el autor del fracaso y en la mayoría de los casos, no tendrá otra
posibilidad dentro de esa institución.
Esto plantea que el entrenador es evaluado a través de sus
dirigidos, quienes tienen la capacidad ejecutiva y terminal de sus
planificaciones, y por ende es él quien debe responder por sus deportistas
ante los dirigentes (en ocasiones devenidos empresarios) que exigen
resultados. Por esta causa deben soportar exigencias dirigenciales, que en
muchos casos, carecen de coherencia con lo que pasa en el campo deportivo.
Discuten y tratan de entender políticas deportivas que, en algunas
situaciones, no son explícitas ya que pregonan la importancia de educar
hombres de bien más allá del puesto, pero luego les brindan apoyo únicamente
cuando o a quienes obtienen resultados deportivos destacados.
Los entrenadores también le ponen el cuerpo al deporte, aunque de
una forma diferente a la del deportista. Estos últimos lo tienen
comprometido desde el exponerlo a altas cargas de entrenamiento, a soportar
cambios bruscos y a vivenciar situaciones poco habituales. El entrenador lo
hace desde el estar presente antes, durante y después del entrenamiento.
Antes, preparando el terreno; durante, llevándolo adelante y después
realizando una labor silenciosa, pero no por ello poco importante. Es el
tiempo diferenciado de trabajo donde se evalúan rendimientos, se ven videos,
se piensa como incentivar al deportista, como mantener o mejorar la
performance, como sustituir al suspendido o al lesionado, cuáles serán las
medidas a tomar para asegurar la comunicación con todos los miembros del
plantel. Se estudia, se crea, se inventa para planificar como debe seguir el
proceso que llevará al deportista a enfrentar de la mejor manera posible, la
competencia. No solo se trata de entrenar sino de hacerlo bien (en cantidad
y calidad) y todo ello solamente con las armas de su saber, su creatividad,
el respeto de sus dirigidos y la habilidad que posea para utilizarlas y
ensamblarlas.
Dedican horas y horas a entrenamientos y competencias, teniendo que
hacer a veces largos viajes, dejando de lado afectos y costumbres.
A todo
lo antedicho, como si fuera poco, debe agregársele el hecho que es un
modelo social y humano para sus deportistas y el público en general. Su
trabajo es visto y evaluado por todos constantemente.
No todas son exigencias también existen momentos gratificantes,
sino por qué serían entrenadores? El sólo y simple hecho de la continuidad
de la vida deportiva (la mayoría de los entrenadores son ex-deportistas),
como ver logrado un determinado objetivo (sea de rendimiento o resultado),
la posibilidad de conocer diferentes lugares, el contactarse con
personalidades destacadas no solo del mundo deportivo, el alcanzar un lugar
a donde, en el caso de las Selecciones Nacionales o del deporte profesional,
muchos aspiran pero pocos llegan. El reconocimiento y la posibilidad de
trascender (como un enaltecimiento del narcisismo), con la retribución
económica existente en algunos casos, son motivos más que importantes para
ser ENTRENADOR.
El reconocimiento, necesario para continuar, se plantea, en la
mayoría de los casos, del lado del deportista cuando le dedican un triunfo o
simplemente expresan lo duro que han trabajado junto al cuerpo técnico.
Son muy pocas las becas existentes en este país para entrenadores y
en la mayoría de los casos, son inferiores a la retribución económica que
reciben los deportistas entrenados por ellos. Claro que en todo esto siempre
hay excepciones como el caso del fútbol, deporte profesional y COMERCIAL por
excelencia, al menos en este país.
Hagamos la prueba: ¿Quién recuerda los nombres de los entrenadores
de grandes deportistas? ¿Cómo se llamaba el entrenador de Demiddi
cuando ganó una medalla en los Juegos Olímpicos? ¿Quién es actualmente el
entrenador de Espínola, ganador de una medalla en los últimos Juegos
Olímpicos? ¿Quiénes fueron y son los entrenadores de José Meolans o de
Georgina Bardach, representantes argentinos en los Juegos Olímpicos,
poseedores de varias medallas y records? ¿Quién es la entrenadora de la
Selección argentina de Nado Sincronizado que nos representó en los últimos
Juegos Panamericanos? Y los entrenadores de la Selección De Polo Acuático en
ambas ramas? Salgamos de los deportes acuáticos: ¿Quién es el entrenador de
Solange Witteven, saltadora en Alto, representante Nacional? ¿Quién fue el
Preparador Físico del equipo de Hockey Femenino que obtuvo la histórica
medalla de plata en los últimos Juegos Olímpicos ? Seguramente, aquellos
allegados a cada deporte mencionado, pueden responder con nombre y apellido,
pero la realidad es que poco y nada se los suele escuchar o dar cuenta de
todo lo que trabajan. No se los reconoce por la calle, ni se les pide
autógrafo, como a la mayoría de las figuras mencionadas anteriormente, pero
sin llegar a ese extremo en más de una oportunidad, ni siquiera se les da
una palmada en la espalda al regresar a casa. Nuevamente la excepción es el
fútbol que cuenta con el principal reconocimiento del periodismo.
Por cuestiones de idiosincrasia argentina existe el prejuicio que
todo lo extranjero es mejor y es así como los entrenadores argentinos miran
como se contratan a entrenadores extranjeros para cubrir puestos que, en más
de un caso, podrían asumir ellos sin notar la diferencia. Esto ha traído
aparejado no sólo la desvalorización de los recursos humanos nacionales sino
también, las consecuencias de la traspolación de modelos engendrados en
otros países, con otras culturas, políticas e infraestructura.
Los entrenadores que llegan a Selecciones Nacionales tienen un
reconocimiento, están en un nivel internacional, donde pueden acceder a
otras oportunidades para continuar su carrera profesional.
Pero aquel que trabaja bien desde abajo, dejando todo en el club,
administrando los pocos y escasos recursos, poniendo redes, andariveles,
haciendo maquinarias con una cubierta en desuso, limpiando piletas simulando
que está en el mejor estadio del mundo y con las mejores condiciones de
entrenamiento, desde el silencio ve como otros entrenadores se llevan al
deportista para integrarlo en planteles nacionales o profesionales. Se queda
sin su as de espada porque lo cede para una representación nacional,
obviamente más importante y que, no desconoce, le abrirá horizontes, pero no
deja de lamentarse por no poder contar con uno de los mejores valores en los
momentos culminantes de la competencia para la cual se entrena todo el año.
A lo largo del artículo se habló en forma general de los
entrenadores pero similares situaciones viven todos los integrantes del
cuerpo técnico sean preparadores físicos, médicos, psicólogos, kinesiólogos,
etc.
Es hora que TODOS los actores del deporte (integrantes del cuerpo
técnico, deportistas, dirigentes, árbitros) nos pongamos los pantalones
largos, haciéndonos cargo de la situación crítica por la que atraviesa el
deporte nacional, pero teniendo en cuenta que la mejor forma (y porque no la
única) de salir de ésta es el trabajo en conjunto (inter y
transdisciplinariamente) con el denominador común del respeto y el
reconocimiento por la labor del otro, entendiendo que el único indispensable
en el deporte, es el deportista, pero que todas las funciones tienen un
papel relevante, y la del entrenador, en particular, como referente del
proceso deportivo.
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