Armonía
bajo presión
Reportaje a
Sergio Vigil. El entrenador que Las Leonas formaron
El entrenador del
seleccionado femenino de hockey sobre césped asegura que el líder es formado
por su equipo y no al revés. Destaca la importancia de compartir y
transmitir valores y de tener coherencia en los procedimientos. Explica su
particular estilo de liderazgo en un contexto en el que triunfar es sólo
demostrar resultados.
En el ámbito del management empresario, muchas veces, las buenas
intenciones quedan sólo en enunciados. Las recetas que se consideran idóneas
para resolver o mejorar ciertos procesos o situaciones suelen no traspasar
el mundo de las ideas. Esto suele ocurrir, por ejemplo, cuando se habla del
liderazgo. Algunos líderes aseguran poseer la fórmula para formar y conducir
equipos exitosos. Sin embargo, no siempre es posible verlos en acción. Se
quedan en palabras.
A Sergio Vigil le gusta hablar. Entrevistado, da respuestas extensas y,
en muchos casos, meditadas largamente. Pero no crea castillos en el aire. Lo
que dice se comprueba en la práctica.
El entrenador de la selección de hockey femenino sobre césped, que
durante su gestión empezó a ser conocida como Las Leonas, habla con pasión
acerca su rol y su relación con las deportistas. Y asegura que los mejores
resultados –el seleccionado obtuvo cinco veces seguidas la medalla de oro en
los Juegos Panamericanos, y en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 consiguió
la medalla de bronce– se logran jugando en equipo.
Histriónico, sensible y seguro de sí, afirma que el conocimiento técnico
es importante pero que vale poco si las personas no comparten valores
fundamentales como honestidad, esfuerzo y compañerismo. Aunque no reniega de
su papel de conductor, destaca insistentemente que poco podría hacer si no
estuviese sostenido por un equipo que trabaja como tal.
Admira a Marcelo Bielsa (ex director técnico del seleccionado argentino
de fútbol) porque es “coherente en los procedimientos”. Busca ganar pero no
a cualquier precio y brinda las mismas oportunidades a todos los jugadores.
Y señala que el mundo, como tal, no trabaja en equipo sino en su
destrucción.
A los 39 años, este profesor de educación física y ex actor, se prepara para
dejar el lugar que lo hizo público y que ocupa desde 1997. Antes de hacerlo,
habló con En Línea.
¿Cómo describiría su
filosofía de trabajo?
Está sustentada en valores. Para poder ganar en la vida hay
que estimular los valores que tenemos dentro, despertar los potenciales que
hay en cada ser humano.
¿Y su estilo de
liderazgo?
Es de servicio y con mucho feedback. El conductor debe
servir a sus dirigidos. Liderazgo es entrega, escucha y crecimiento
constante.
¿Cuáles son esos
valores que hay que despertar?
Perseverancia, humildad, solidaridad, esfuerzo, espíritu de
lucha, tolerancia, compañerismo, alegría, convicción, respeto, compromiso y
honestidad. Imaginemos a una persona o a un grupo con estos valores en este
mundo donde todo se mide según los resultados. ¿No tiene más posibilidades
de ganar? Muchas veces uno se preocupa por capacitarse técnica o
estratégicamente pero si eso no está sustentado por valores esenciales, no
se rinde al máximo.
¿Esta visión la
mantiene desde que ejerce un rol de liderazgo?
A los 12 años estaba en la cancha del Club Ciudad de Buenos
Aires mirando el entrenamiento de hockey de primera división de varones, que
era, en ese momento, la camada de oro. En ese equipo había siete jugadores
en la selección. De repente se desviaba mi atención al líder. Me di cuenta
de que quería llegar a ser jugador de la selección pero que había algo más
fuerte: me impulsaba observar cómo conducía el entrenador. Terminaron de
entrenar esos muchachos y vino un grupo de cinco chicas. Era la primera
división de mujeres. El equipo no tenía la jerarquía que tiene ahora.
Entrenaban solas. Un equipo tenía todo y otro no tenía nada. Las miré y
pensé: “Algún día voy a entrenar a esas chicas y van a ser felices,
valoradas y campeonas”. Ahí nació un estilo.
“El conductor tiene que estar cerca y conocer a la
persona. Tiene que involucrarse muy respetuosamente. Sino no se conduce al
lado.”
¿Ese estilo alguna vez
chocó con alguien?
No de los grupos que conduje. Sí existieron personas que
pensaron que era muy romántico y que cuando iba a comenzar con el
seleccionado me invitaron a desarrollar un estilo diferente. “Mirá Cachito,
tenés que replantear tu estilo porque a vos te encanta formar grupos unidos,
con mucha pasión, con inteligencia para vivir, pero el alto rendimiento es
la selva, resultados”. Me querían convencer de que no era posible obtener
buenos resultados y valores esenciales a la vez ya que una cosa se oponía a
la otra. Y en mi corazón y en mi razón siempre pensé que no era así sino lo
contrario.
También dijeron que era difícil formar un grupo unido de mujeres de alto
rendimiento porque todas luchan por su lugar. Decían: “No les des muchos
conceptos, poquitos, uno o dos”. Invitaban a hacer poco camuflado en el
mensaje de la simpleza. Además, afirmaban que las mujeres no tenían la
pasión por el deporte que tiene el varón. Esas fueron las cosas que me
fueron llegando. Pero uno de los objetivos fue que el equipo fuese el más
unido, apasionado e inteligente para vivir del planeta.
“Los valores no se imponen, los van generando los
conductores y los propios jugadores a través del ejemplo, de la acción de
cada día. Y las personas que entran a un equipo que tiene valores se
terminan contagiando.”
¿Cuánto tardó en
amoldar las cosas a su visión?
Este es un estilo de conducción en el que uno está al lado
del conducido. Costó dos o tres años obtener una comunicación fluida o
espontánea. Muchas veces las personas tienen miedo de comunicarse porque
creen que una diferencia conceptual o filosófica las puede alejar del
equipo. Cuando se terminó de romper esa idea los resultados fueron notables.
De hecho, desde 1997 hasta el 2000 no obtuvimos ningún título. De allí en
adelante vinieron todos.
¿Cómo logró que le
tuvieran paciencia durante esos tres años?
Obteníamos resultados porque la Argentina se ubicó entre los
primeros cuatro equipos del mundo durante tres años y medio seguidos, cosa
que no había ocurrido nunca. Había resultados numéricos pero
fundamentalmente se perseguían objetivos que eran más importantes y que, en
definitiva, eran los que conducían al resultado de número: los de
crecimiento. Día a día el equipo creía en el juego y en la comunicación como
referente de una forma de sentir el deporte y jugarlo. Habla de la
inteligencia para la vida. Eso es algo que va más allá de la relación entre
el entrenador y los entrenados.
¿Alguien podía sentir
que pasaba el límite de lo laboral?
El conductor tiene que estar cerca, conocer a la persona y
saber si está contenta o angustiada, viviendo un momento familiar difícil o
bueno, si puede llegar a fin de mes o no, si está siendo feliz con lo que
hace o no. Tiene que involucrarse muy respetuosamente. Sino no se conduce al
lado. Nunca me metí en un lugar que no me correspondiera. Traté de ver qué
había detrás de la retina de las personas. ¿Tristeza, alegría, angustia,
sueños, deseos? ¿Qué está pidiendo? ¿Acercamiento, distancia, que se le
saque presión? Lo que valoramos más en nuestro grupo no es sólo la
enseñanza, técnica, táctica o conceptual –que es muy importante y debe ser
de nivel muy alto– sino la que permite la llegada profunda.
¿Qué pasa cuando una
persona que selecciona no comparte los mismos valores?
Una Leona tiene que tener espíritu de Leona. Los valores no
se imponen, los van generando los conductores y los propios jugadores a
través del ejemplo, de la acción de cada día. Y las personas que entran a un
equipo que tiene valores se terminan contagiando. Cada persona tiene
diferente temperamento y, a veces, hay personas que son más fáciles, otras
que son menos accesibles y otras con quienes hay que buscar la forma de
entrada.
¿Cómo conviven las
grandes individualidades con los valores de equipo?
Las grandes individualidades son ejemplo. No hay que
temerles sino fomentarlas. Luciana Aymar tiene casi todos los talentos,
Mercedes Margalot el de la garra, esfuerzo y convicción, María de la Paz
Hernández el de estar en el lugar justo en el momento justo. Son 16
individuos que tienen dones individuales que se aprovechan. La persona
individualista no va a ser parte del equipo porque tal vez elija otro
deporte. Y si ocurre eso se charla con esa jugadora y se la invita a tomar
otro camino. Una, dos o tres veces.
¿Qué es más motivante:
luchar para llegar a ser primero o mantenerse en el lugar deseado?
Ambas cosas en ese orden, porque primero hay que luchar para
llegar al primer lugar. Están los que buscan llegar a ser el número uno en
el ranking y los que buscan ser constantemente los mejores en lo que hacen.
¿Cómo se hace para que
la motivación no pase a ser presión?
Formando equipos de trabajo. Así se distribuye la presión.
Teniendo a los mejores exponentes en el grupo, definiendo roles y funciones,
delegando, confiando, incluyendo personas con diferentes características
pero con la misma esencia en los valores. La presión va a existir. En 1999,
la psicóloga del equipo lo observó en un entrenamiento y me dijo: “Cachito,
este es un equipo de leonas. Se potencia ante la presión”. Todavía no se
llamaban “Las Leonas”. La presión debe ser convertida en desafío. Para
enfrentar los desafíos no hay que tener una sola meta grandísima sino ir
logrando pequeños avances que nos refuercen la autoestima y nos incentiven a
seguir hinchando por la gran meta. Cuando llegamos a ella empieza a aparecer
otra y siempre seguimos en la búsqueda.
¿Qué pasa cuando no se
tiene energía?
Hay que apoyarse en el propio interior y en los compañeros
de trabajo.
¿Cómo se prepara para
dejar su rol?
Traté de ser un líder que no generase dependencia. Se trata
de darle a un grupo alas para que pueda seguir volando y que sepa que sus
posibilidades de crecimiento son inagotables más allá de la persona que lo
conduzca. Las Leonas hicieron al líder y no al revés. Sergio Vigil tenía
algunas cosas naturales, como espíritu, sueños, energía y conocimiento
técnico pero al líder lo formaron las jugadoras.
Por otro lado, preparo al grupo con alegría. De la misma manera que ellas
me ayudaron a crecer van a ayudar a la próxima persona que venga. Lo
importante es que esa persona tenga valores, espíritu y entrega. Con la
entrega de las chicas se va a ir potenciando y, después, les va a poder
brindar su propio potencial. Se irán retroalimentando.
¿Cómo se pelea contra
las ganas propias de perdurar?
Con solidaridad e inteligencia. Nadie es indispensable. Para
conseguir cosas hay que involucrarse y para conseguir más hay que
distanciarse un poco para tener perspectiva. Esto no significa retirarse con
la gloria de los resultados sino en el momento justo en el que puede empezar
un declive en las posibilidades de crecimiento que se le da al equipo. Hay
que alejarse, capacitarse, nutrirse, cargarse de energías para poder volver
a dar… ya no sé si a este grupo, tal vez a otros.
En el terreno de la capacitación siempre se buscan innovaciones. Acercar
oradores de diferentes ámbitos del conocimiento, como del deporte, a las
empresas es una de ellas. Si bien para algunas firmas contratar oradores
famosos es una alternativa cool y divertida, muchos profesionales se
esfuerzan para que su exposición no pase sólo por lo anecdótico.
Sportcases es una compañía que utiliza casos deportivos y protagonistas
del medio para brindar productos y servicios de capacitación y planes de
motivación y de relación. Además de Sergio Vigil, entrenador de Las Leonas,
cuenta con varios directores técnicos de selecciones nacionales.
“Tratamos de establecer analogías conceptuales entre el deporte y la empresa
a través de experiencias deportivas.
Muchas veces pasa que hay grandes teóricos en el mundo que nunca
estuvieron en el campo de juego. Me parece que es tan importante la teoría
como la experiencia, pero que la teoría sin la experiencia no es
importante”, dice Vigil.
“Se busca un punto de encuentro conceptual para llevar la experiencia
deportiva, más práctica, más visible, al día a día de la empresa. También se
lleva el tema de los valores deportivos a la compañía: todos buscan ganar,
pero no a cualquier precio. Lo importante es cómo. Y, por último, se
pretende establecer una analogía emocional. Detrás del conductor de grupos,
del jugador, del empleado y del gerente está la persona. Somos personas que
cumplimos determinado rol.
Tenemos emociones y sentimientos que no se pueden dejar de lado. El
deportista y la persona que trabaja en una empresa tienen algo en común: hay
un tiempo en que realizan una actividad y otro tiempo en que salen y se
encuentran con sus afectos. Y en eso también tratamos de establecer
analogías. Muchas veces se capacita desde el concepto y los valores, pero
muy poco desde la emoción y los sentimientos. Entonces se pierde una parte
muy importante del ser”, describe.
Enviado por Ernesto De Vuono
FUENTE:
http://www.telefonica.com.ar/telefoniafija/pymes/enlinea/revista26/19negocios_6.html